Luego del nacimiento de mi primer hijo, cuando el todavía no había cumplido su primer año fue cuando conocí la filosofía Montessori, y como habrá hecho la mayoría, lo primero que hice fue buscar en internet de que se trataba. También por ese entonces había comenzado a bucear por el mundo de la literatura infantil y juvenil, a llenar mi casa de algunos cuentos infantiles. Y fue en aquel momento que se cruzaron estos dos caminos, Montessori y Literatura infantil. Claro, ahí me encontré que la filosofía Montessori hablaba de evitar la fantasía en los primeros años de la infancia, yo me quede un poco perpleja, tantos libros hermosos con animales que hablan, monstruos, hadas, superhéroes! ¿Por que era mejor presentar cuentos reales? Y buscando información, llegue a un articulo que me gusto mucho, es un extracto de una conferencia que dio Silvia C. Dubovoy en el XXV Congreso Internacional de AMI. Todo el articulo es interesante de leer, pero les voy a dejar solo un extracto sobre este tema, Fantasía y Realidad.

¿Qué es la Fantasía?

Durante todos mis años de entrenamiento a maestras Montessori, cada vez que empiezo una conferencia sobre la importancia de exponer al niño a la realidad y la diferencia entre los peligros de la fantasía y la riqueza de la imaginación, veo las caras de mis alumnas totalmente en desacuerdo con no permitir a los niños tener los cuentos de fantasía.

Si estas alumnas, que ya han estado expuestas a la filosofía Montessori y son personas interesadas en la educación, responden de esa manera, se pueden imaginar las respuestas y las caras de muchos padres cuando doy la conferencia. Con esta actitud se perpetúa el vacío en el que los niños viven hoy en día.

Existe, obviamente, un aspecto emocional a su desacuerdo porque, para muchos adultos, los recuerdos más emotivos de su infancia están relacionados con cuentos de hadas contados por sus padres u otros adultos. Podemos asegurarles a los padres que ese mismo “lazo” que se produjo contando cuentos de hadas puede ser creado con historias basadas en las realidad que ayudan al niño a entender el mundo que lo rodea.

Además, creo que los adultos sienten miedo que queramos sacarles una herramienta poderosa para controlar a los niños. Si no tienen esta herramienta de fantasía, ¿cómo van a poder entretener a los niños? ¿Cómo los van a poder controlar? Esto sucede no solo en las casas sino también en las escuelas. Es más fácil dejar que el niño se involucre superficialmente con juegos de fantasía o que juegue por su cuenta con juguetes que preparar una actividad que implique algún tipo de atención al detalle. Siento gran respeto y compasión por las maestras que veo en librerías buscando desesperadamente ilustraciones de fantasías que puedan atrapar a los niños para que puedan mantenerlos focalizados, con atención superficial, durante la lección grupal.

Antes de conocer acerca de Montessori, mi casa estaba llena de hermosos libros, discos y figuras con ilustraciones de cuentos de hadas. Recuerdo a una de mis hijas repitiendo de memoria el cuento de Cenicienta cuando ella tenía tres años. Cuando la interrumpimos y le preguntamos sobre del cuento, ella seguía repitiendo las palabras, imitando los sonidos y palabras con una entonación perfecta pero sin entender el significado del cuento. Podía entender ciertas oraciones o una palabra; sin embargo, había algunas cosas que no le quedaban claro. En su momento estábamos sorprendidos por su memoria sin percibir lo sonso que era el cuento. Cambié todo esto cuando hice el curso de Montessori y me di cuenta que mis hijos tenían una confianza absoluta en lo que les estaba enseñando y por ende, mentirles o contarles cosas que no eran ciertas, era un abuso por parte mía de sus mentes inmaduras y de su confianza en mí.

Sí, es posible que hayan buenos programas en la televisión y grandes cuentos de hadas o historias fantásticas con hermosas ilustraciones y gran calidad de papel, pero pueden ser introducidas después que el niño haya tenido un buen contacto con la realidad, que generalmente es después de los 5 años, cuando la corteza cerebral está madura y pueden hacer distinciones entre situaciones reales e irreales.

Desde los filósofos griegos, siempre ha habido cierta preocupación en contarles historias fantásticas o falsas a niños pequeños. Por ejemplo, Platón insistía con que debemos evitar historias que puedan crear “la presencia de falsedad en el alma con respecto a la realidad. El hecho de ser engañado acerca de la veracidad de las cosas y por ende ignorar o estar equivocado y albergar en el alma una falsedad, es algo que nadie podría consentir.” (La República, Libro II). Platón creía que las historias que los niños escuchan en los primeros años de sus vidas tienen una profunda influencia en ellos.

La inteligencia se desarrolla únicamente por el análisis crítico de la realidad que se percibe. Esto sucede solo en contacto con la realidad, no en un mundo de historias y de imágenes tontas. La realidad es lo que uno percibe a través de los sentidos, lo que es reconocido por la corteza cerebral. El sentido visual puede ser engañado por imágenes que presentan la fantasía como si fuera real. Para la propia construcción de la mente, el niño debe poder tener experiencias reales con objetos reales, percibidos a través de múltiples sentidos. Los adultos creen que están desarrollando la imaginación de los niños haciéndolos aceptar cosas fantásticas como reales. No obstante, todos tenemos chicos en nuestra clase con diferentes formas de desarrollo imperfecto que se asemeja a las características de un niño salvaje o no educado. Estos niños están constantemente dispersos en su fantasía, no pueden concentrarse, tienen poca coordinación motriz y un lenguaje muy pobre no pueden expresarse y usan una única palabra para varios propósitos. Las ilusiones o percepciones falsas son el principio de un razonamiento falso, lo que desvía la inteligencia del niño.

Montessori escribió en el libro El Método Avanzado Montessori:

¿Cómo puede desarrollarse la imaginación de los niños a través de lo que es, contrariamente, el fruto de nuestra imaginación? Somos nosotros los que imaginamos, no ellos; ellos creen, no imaginan. La credulidad es, ciertamente, una característica de una mente inmadura la que carece de experiencia y conocimiento de la realidad y está todavía desprovista de esa inteligencia que distingue lo verdadero de lo falso, lo bello de lo feo y lo posible de lo imposible. ¿Es entonces la credulidad lo que deseamos desarrollar en nuestros niños simplemente porque ellos demuestran ser crédulos a una edad cuando son naturalmente ignorantes e inmaduros? ...
Hablamos de credulidad como una señal de ser inculto. (200)

El hecho de mantener la ignorancia en los niños –y en los adultos– es una forma de ejercer control. La ignorancia y la credulidad desaparecen con la experiencia, con el conocimiento; cuando madura la mente, el niño está listo para entender la diferencia entre lo real y lo irreal. La realidad, como la esencia de la educación, debería ser dirigida para ayudar a la inteligencia.

Cuando el niño ya no cree en cuentos de hadas, sabemos que está madurando. Ha superado su estado infantil a pesar de que los adultos quieran mantenerlo en la ignorancia y la ilusión. Muchos adultos resienten este estado como señal de que el niño “ha perdido su inocencia”. Lo que le ha pasado es que ha ganado conocimiento y ha triunfado sobre la ignorancia y la credulidad.

Los adultos que no confían en el niño, insisten en moralizarlos con cuentos acerca de valores que no necesitan serles recordados. Solo necesitan estar en un entorno real con un adulto bien preparado para poder manifestar su verdadera naturaleza. Los niños se interesan por los valores morales en el segundo plano de desarrollo, de seis a doce años, luego de que la mente haya madurado con muchas experiencias reales. Este es el momento de las fábulas, cuentos con moraleja y cuentos de hadas.

El niño es un ser espiritual y no necesita que le recuerden las virtudes antes de los seis años. Ha demostrado tener la mayor capacidad de amor, confianza, compasión, generosidad y autenticidad cuando se encuentra en un ambiente preparado y puede actuar de manera independiente y libre. El amor por el trabajo, la auto-disciplina, el orden, la obediencia, la concentración, la satisfacción y especialmente la alegría son todas características del niño normalizado, y un niño solo puede ser normal si está libre de fantasía.

Pueden leer el documento completo aquí.

Como conclusión personal, voy a comentar mi experiencia. No me gusta ser fundamentalista, en casa hay libros reales y con fantasía, pero la verdad es que mi hijo mayor, elige con mas frecuencia los libros divulgativos o con contenido real, los de fantasía cuando los leemos noto como se queda pensando, como que hay varias cosas que no le terminan de encajar, engranajes que no le cierran. Es por eso que ya con el pequeño ya desde el nacimiento, hemos utilizado libros con imágenes reales o historias de vida cotidiana, creo que ya va a haber tiempo para cuentos de hadas, animales personificados y mas complejos, en un abrir y cerrar de ojos ya tienen la edad.

One Thought on “Literatura y Montessori en los primeros años de la infancia.”

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